sábado, 31 de julio de 2010

¿Quiénes son ustedes y qué hago aquí?

Yo me divierto viendo como caen, como se rompen los

hilos de las relaciones, me divierto viendolos llorar, porque

he ahí la hermosura. No es la hipocresía de levantarse,

sino el dolor en todo su esplendor. Gozo al verlos reventar

y retorcerse en la venganza.

Superficialidad, de esta forma no te fijas en los demás,

sólo eres tu y tu belleza externa; tal vez no fueras mas que

una muñeca hueca. Un robot, o tal vez una imitación.

Oh sí. Me divierto viendólos, como se destrozan, cuando

son tan iguales; ¡¿Qué le criticas al otro si tu eres

EXACTAMENTE IGUAL?!.




jueves, 29 de julio de 2010


Él sabe muy bien que se puede sobrevivir de sueños. Él piensa lo patético que es esto. Lo patetica que es la soledad, la muerte y el olvido. Y se da cuenta que él ha lidiado con todo esto una y otra vez; dejando un gran hoyo en su alma, esa herida expuesta que arde y duele a la vez, como una quemadura grave que; lo mas seguro, deje una cicatriz profunda y visible.

Entonces llegó ella. Como un vaso de agua fresca en medio del desierto, apaciguando su agonía... Casi reviviéndolo.
Y esque, hay cosas que son fáciles de comprender, pero aún así...

Hay días que la soledad se restriega junto a él en su dormitorio, mientras lava su dientes al despertar puede oirlar respirar, como la hermosa dama del desierto...

Entonces sus sueños se convierten en esperanzas; lo que no sabe es que la esperanza trae consigo a la desesperanza. Lo sume en agonía perpetua, lo deja en las tinieblas...

Abandonado ahí, tragado por la oscuridad y el miedo y el dolor y la desesperación; llega un día en que otra dama, oscura, llega al ser llamada y lo toma en brazos...




martes, 27 de julio de 2010

Hay algo que veo en tu piel,
que desmorona esa parte que creí roca en mi corazón.

Oh si,
estoy vulnerable,
y tu me sonríes de esa forma,
entonces nuestros ojos se encuentran,
y yo siento fuego dentro,
preguntándome que sentirás,
¿que cosas pasan por tu mente?.


lunes, 26 de julio de 2010


Él empezó así:
No tengo algo definido por lo que quiero escribir. Sólo me muero por hacerlo. Porque de esta forma no hay aire que me envenene, y nuble mis pensamientos. También porque pienso que no es justo como la vida se ha estado llevando lo que más quiero; como una gran avalancha que pesa sobre mi espalda, y yo asfixiandome en medio de la nieve, se me acaba el oxigeno para respirar; se lleva a los que más amo. No puedo seguir. Simplemente mi fuerza está fallando, porque este camino llamado vida no me está llevando a ningún lado. Todo está tan terriblemente mal...

Ella pensó al tiempo de verlo:
Su rabia lo está carcomiendo. Está atado a un fuego imaginario, al del odio. Y, lamentablemente, tiene sed de poder. Yo no puedo cargar con esto. Lo amo, pero no puedo. Necesito ESCAPAR.

Entonces un balazo surcó el silencio de esa mañana.

El lloró:
Esto es culpa mía, nunca supe que la tenía, y ahora está seis metros bajo tierra. ¡Jamás volveré a abrazarla, ni besarla, siquiera ver sus ojos cada despertar, ese brillo intenso con el que me decía todo lo que yo queria saber de ella en el día! Y ahora que hago...

En sus ojos estaba mi vida.

Entonces un balazo surcó el ruido de una tarde lluviosa, otoñal...

sábado, 10 de julio de 2010

i never thought i die alone


Abrió los ojos sólo para ver el ocaso.
¿Cuándo imaginó el pesar que estaba sintiendo?
Tan cruel,
una sensación vil.
En el cristal parecían pasar las mismas cosas
mofándose.

Un deja vú constante.

El aire que respiraba es tan fresco
-a la vez tan asfixiante-
es veneno puro
recorriendo su interior.

Y las gotas de esta lluvia invisible recorren esa piel...

La fragancia de estas flores se comen su hedor,
porque en el alma es donde todo se está hechando a perder.

Y la brisa nos consume,
como el sol al rocío matutino.

Solamente nos conservaremos en las tinieblas.



sábado, 3 de julio de 2010

sick story


Comenzó una noche. El aire jamás había sido tan refrescante. Decidió subir una escala más en sus pensamientos, intentó llegar más lejos.

¿Cuál fue su interés repentino? Estó cruzó por su cabeza:

-Oh, ¿qué hago ahora? ¿Qué más me puede quedar al intentar volver? No es inalcanzable lo que añoro. Un pedazo de arcoiris. Un pedazo de su mente. -

Es como que sonríes...

Entonces todo cambia. Y despierta en medio de la oscuridad.

...pero no eres feliz.

¡Intenta encontrar un apoyo! ¡Rápido!

-¿Qué viniste a hacer aquí? Contesta, apúrate, ¡el tiempo se acaba!.

-Vengo a venderte un poco de sentimientos- contesta con calma.

-¿Sentimientos?.

-Sí. Ni siquiera yo sé que son en realidad. Pero disfruto bastante convivir con ellos.

-¿Son buenos acompañantes?.

-Bastante buenos.

Pensó el que eran desechables, igual que las demás cosas. Pensó que si no le gustaban podía encerrarlos en una caja y tirarlos al agua, que se los llevara el destino a alguien más.

Y aquí hizo el trato más maravilloso de su existencia.

lunes, 28 de junio de 2010

Muerte Diáloga.


Pasa la blanca tribu de las nubes
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso.

-Octavio Paz.


-Supongamos que es lo correcto.
-Que el pasado ya no existe.
-Ni impresiona.
-Sólo corrompe y amarga.
-¿Qué es en verdad?
-Una mentira vaga y absurda.
-Para percatarse a lo último.
-No... ¡ahora y siempre!.

Ante un sol profundo y solo. Dentro del mar de las visiones navegan con destino en proa; en occidente donde indica lo más sublime y abstracto. Dos amigos, dos hombres, buscando lo que han pedido sin más razón que la locura: en silencio, como la muerte.

El mar salpicaba y empudía el casco del barco, puesto que ya navegaba con rumbo fijo -podría ser por lo alto de sus mástiles o por la conciencia de su armada rota. Y es curioso, que no tripulaba a los hombres de mar sino a almas piadosas insania.

En el navegar, con todo su velamen, el vigía descarta la posibilidad de avistamiento.

Un momento, una distancia de espacio y tiempo: ¡Terra ad visiris! Como al ad humanis, vigente de consecuencias. Que sigue en su trayecto y despide las consecuencias, vanas, fútiles. Y donde se fondea con el viento, no se respira; no se facsima; en si, para él. Atracando en una isla de rocas amarillas, colocadas una sobre otra; de aristas perfectas, hechas por Picasso reencarnado en Miguel Ángel.

Las anclas chispeán la sonrisa del mar, las cabras espumosas se mueven ante el galeón de Arquimides. Las bitas de acero, cantan la música del navegante: eslabón tras eslabón, idea tras idea. Un muelle que resplandece ante los colonos de la libertad. Abajo, los espera un hombre; de piel homogeneizada y de rostro neómeno. Es díficil cuestionarse ante ello: será una rama lo que parece real o un sueño estúpido. No se comprende.

Enmancipados en sí, solían otear las fachadas de antiguos castillos: Altona, Belleur, Turégeno, Coca, Simancas, Olmedo; sus actos más prominentes.

Así, con las vistas barrocas grabadas, observan la fachada de una BABEL "caída". Una vaga conciencia la habita. Pero no lo saben; discapacitados de imágenes quebrantes como el río que arrastra la arena y se ignora a la vista común lo que sucede con cual.

El hombre los observa, se sacude y se ríe. Neómeno y enfermizo. Abstracto y demandante.
-Ay de vosotros que crucen la línea de los fuegos sagrados, que nuestro padre Cronos la coloca sobres sus pechos de dulce manía.
Esa voz, que rompe el sonido de la quietud y al pasado lo convierte en silencio ciclíco. Esa, como la dulce homogenización de binomios, hombre-mujer; Eros-Tánatos; muerte-ente.

En barco, en casco de armada rota:
-¡Gritaremos lo que hemos visto, con todas las subliminalidades de la mar que ahora nos arrastra a mundos extraños!.

La camarilla toca tierra, el muelle se desliza ante la sensibilidad de sus amarras. Bajan y tocan piso; se dirigen hacia la macha de astro en una sombra de Dios, del Pan que les obsequió el viento.
-¡Hombre!, llevadnos con tu Zoroastro, aquel que nos ha arrebatado el agua de nuestra vida.
Suspenso, aire y mar, al unísono de las deidades que la rompen como si fuese el espejo de Afrodita.
-Será como un sueño, pero no duerman mis amigos, que la muerte los ha engañado.-Incapaz.
La vociferación alcanza su último suspiro. Se espera.

-¿Es la muerte?, ¿Es el vacío?
-No-contesta-, es la madre de las voces perdidas.

Mientras un aire funesto los recorre, caminan por una vereda de anchas espinales y abetos, que se ladean al pasar junto a ellos. Su Dios los acobija, el rictus es presente; la tentación emancipa. ¿Qué será? ¿Acaso no permanece la ira en sus corazones?. Él lo sabe, ellos lo saben. Y valorarán esa despedida de su cuerpo ante el Dante de sus andanzas, dentro del ciclo de vida; dentro de su muerte, en su diálogo... y su memoria.